Antes de empezar
Esta guía es educativa. Inicia el método con el acompañamiento de tu equipo de salud: valorará si el bebé está listo, te enseñará la técnica y definirá cómo vigilar su estado. Si algo te preocupa, pide ayuda; la OMS recomienda que la madre solicite apoyo siempre que esté inquieta.[1]
1. Preparación
- Decisión informada. El método debe ser una decisión informada de la familia y nunca una obligación.[1]
- Salud del cuidador. Si la madre tuvo complicaciones en el embarazo o el parto, o está enferma, debe recuperarse antes de empezar.[1]
- Espacio y ropa. Un lugar tranquilo y lo bastante cálido para el bebé; ropa ligera y suelta.[1] Las prendas de cuidado canguro se abren por delante y se usan sobre la faja.[2]
- Manos limpias. Lávate las manos antes y después de atender al bebé, y con frecuencia durante el día.[2,1]
- Sin humo de tabaco. Evita fumar donde esté el bebé; el humo ambiental es peligroso para él.[1]
2. Materiales
- Faja o tela (en inglés, binder). Es un lienzo que asegura al bebé piel con piel sobre tu pecho y mantiene su cuello ligeramente extendido para que la vía aérea esté abierta. Puede ser una tela larga que rodee tu tórax o una prenda elástica tipo tubo.[2]
- Para el bebé. Un pañal seco y un gorro que le cubra la cabeza.[2] Según la temperatura del ambiente, la guía de la OMS (2004) añade calcetines (entre 22 y 24 °C) y, por debajo de 22 °C, una camiseta de algodón sin mangas y abierta por delante, de modo que su pecho y abdomen sigan en contacto con los tuyos.[1] Tu equipo te indicará qué necesita.
- Una prenda o manta para cubrir a ambos.[2]
3. Paso a paso: la posición canguro
Prepárate
Lávate las manos, deja lista la faja y acomódate en una silla o cama con el respaldo inclinado.
Viste al bebé
Con un pañal seco y un gorro. Su pecho debe quedar en contacto directo con el tuyo, sin telas de por medio.[2,1]
Sostenlo para moverlo
Una mano detrás del cuello y sobre la espalda; los dedos apoyan suavemente la parte inferior de su mandíbula para que la cabeza no se incline hacia delante y tape las vías respiratorias. La otra mano, bajo sus glúteos.[1,2]
Colócalo piel con piel
En vertical, boca abajo, entre tus pechos y pecho con pecho. Cabeza girada hacia un lado y ligeramente extendida (ni hacia delante ni hiperextendida). Brazos flexionados, con la mano cerca de la boca; caderas y rodillas flexionadas y caderas parcialmente abiertas, en la llamada «posición de rana».[1,2]
Ajusta la altura
Colócalo lo bastante alto como para poder besar su cabeza. Su abdomen debe quedar a la altura de tu epigastrio (la «boca del estómago») y sin comprimirse, para que tenga espacio de respirar con el abdomen. Tu respiración lo estimula.[1,2]
Asegúralo con la faja
Rodea tu espalda, alta, bajo las axilas, y crúzala sobre el pecho sin comprimir; el borde superior queda justo debajo de la oreja del bebé. Aprieta lo suficiente para que no se deslice cuando te pongas de pie, con la parte más tensa sobre su espalda alta, y el nudo a un costado. Si está inquieto, deja que se acomode antes de apretar.[2,1]
Cúbrelos y revisa
Cubre a ambos con una prenda abierta al frente o una manta. Comprueba que su nariz y boca queden libres, que respire con normalidad y que su color y temperatura sean normales.
Cambia el lado de la cabeza
Cambia hacia qué lado gira la cabeza en cada sesión, o cada una o dos horas cuando la sesión es larga.[2]
4. Postura correcta y errores comunes
Así sí
5. ¿Cuánto tiempo?
- Meta. El contacto piel con piel debe ser lo más cercano posible a las 24 horas del día, con un mínimo de 8 horas diarias.[2]
- Empezar poco a poco, pero sin sesiones breves. Evita sesiones de menos de 60 minutos: los cambios frecuentes estresan en exceso a los bebés. La duración debe aumentar hasta ser lo más continua posible, día y noche, e interrumpirse solo para cambiar el pañal.[1]
- Turnos. Si la madre debe separarse, otro familiar (padre, pareja, abuela) o alguien de confianza puede mantener al bebé en posición canguro. Si no es posible, el bebé debe quedar bien arropado en una cuna caliente, lejos de corrientes de aire.[1]
- Hasta cuándo. Mientras el bebé lo acepte: suele ser hasta alcanzar unos 2500 g o entre 38 y 40 semanas de edad gestacional corregida, cuando empieza a retorcerse para salirse de la posición, saca las extremidades o llora al volver a ponerlo sobre la piel. Entonces se retira gradualmente y la lactancia continúa. Algunos bebés, como los pequeños para su edad gestacional, maduran antes y se salen con menos peso.[2,1]
6. Dormir y descansar
- Dormirás mejor con el bebé en posición canguro si adoptas una posición reclinada o semirreclinada, de unos 15 grados respecto a la horizontal, con una cama ajustable o varias almohadas apiladas. Se ha observado que esta postura puede reducir el riesgo de apnea del bebé.[1]
- Si esa postura te resulta incómoda, la OMS prefiere que duermas como puedas: las ventajas del método superan el riesgo de apnea. Con el bebé sujeto como se describe arriba, la OMS indica que no existe riesgo de asfixia al dormir de lado en una cama semirreclinada.[1]
- Cuando el bebé no esté en posición canguro, acuéstalo boca arriba.[2]
7. Alimentación en posición canguro
- Lactancia. Puedes amamantar sin sacar al bebé de la posición canguro; de hecho, el método facilita la lactancia y estimula la producción de leche.[1]
- Frecuencia. Ofrece el pecho cada dos o tres horas y cuando el bebé muestre señales de hambre.[2]
- Paciencia. Un bebé pequeño puede interrumpir las tomas con pausas largas: no te apresures a retirarlo del pecho; puede prolongarse hasta una hora.[1]
- Si aún no succiona bien. La leche materna extraída puede darse con taza o por sonda, según indique el equipo de salud; la sonda y la leche extraída directo a la boca pueden administrarse sin salir de la posición canguro.[1]
8. Higiene y cuidados diarios
- Solo es necesario interrumpir el contacto para cambiar el pañal, la higiene y el cuidado del cordón, y la evaluación clínica.[1]
- El baño diario no es necesario ni recomendable. Si hace falta, que sea breve y tibio (en torno a 37 °C); seca al bebé a fondo, arrópalo y devuélvelo a la posición canguro lo antes posible.[1,2]
- Revisa a diario los pliegues de la piel y límpialos con un paño húmedo para retirar restos de leche.[2]
- Durante el día puedes caminar, estar de pie, sentarte o hacer otras actividades con el bebé en posición canguro.[1]
9. Qué observar: temperatura y respiración
Temperatura
Un bebé bien alimentado y en contacto continuo mantiene fácilmente una temperatura normal (36.5 a 37 °C) si el ambiente es adecuado.[1] Si la temperatura es inferior a 36.5 °C: cubre a madre y bebé con una manta, mantén un ambiente templado, vuelve a medir una hora después y busca la causa (cuarto frío, corrientes de aire, baño reciente, mala alimentación). Si no hay una causa evidente o la temperatura no se normaliza en tres horas, el bebé debe ser evaluado por una posible infección.[1,2]
Respiración
En un bebé prematuro es normal respirar entre 30 y 60 veces por minuto, con pausas breves. Si una pausa dura 20 segundos o más, o los labios y la cara se ponen azulados, puede indicar una enfermedad grave.[1,2] Ante una pausa: frota suavemente la espalda, las extremidades o las plantas de los pies del bebé y méclelo; si no reacciona, pide ayuda médica de inmediato.[1,2]
10. Señales de alarma
Busca atención médica de inmediato si el bebé presenta:
- Respiración difícil, hundimiento del pecho o sonidos roncos; respiración muy acelerada (más de 60 por minuto) o muy lenta.[1,2]
- Pausas de la respiración frecuentes o prolongadas, o color azulado.[1]
- Temperatura baja que persiste pese a haberlo calentado.[1]
- Dificultad para alimentarse: deja de despertar para las tomas, deja de comer o vomita.[1]
- Convulsiones, diarrea o piel amarillenta.[1]
En México, ante una emergencia llama al 911. Los signos de enfermedad grave en bebés pequeños pueden ser sutiles: ante cualquier duda, consulta.[2]
Lo que no es motivo de alarma
Según la OMS, el bebé no corre peligro si estornuda o tiene hipo, si evacua heces blandas después de cada toma o si no evacua durante dos o tres días.[1]
11. En casa y seguimiento
Antes del alta, el equipo de salud valora que el bebé mantenga una temperatura de 36.5 a 37.5 °C durante el cuidado canguro, se alimente bien y gane peso adecuadamente durante tres días seguidos; que la madre y la familia se sientan seguras para continuar y conozcan las señales de alarma y dónde pedir ayuda.[2] El cuidado canguro continúa en casa hasta las 40 semanas de edad gestacional corregida; el bebé necesitará consultas de seguimiento más frecuentes según las guías nacionales.[2]
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Referencias
- Organización Mundial de la Salud. Método madre canguro: guía práctica. Ginebra: OMS; 2004. Ver fuente
- World Health Organization. Kangaroo mother care: a clinical practice guide. Geneva: World Health Organization; 2025. ISBN 978-92-4-011591-0. Ver fuente